Fuente: Pedro Canales, 24-05-2011
En un gesto sorprendente y casi teatral, el rey de Marruecos ha abierto el espinoso asunto de la reforma de la Constitución sin dejar entrever hasta donde está dispuesto a ir. La sociedad marroquí es un hervidero de propuestas. La calle, ocupada por el Movimiento 20 de Febrero, sigue enarbolando la intransigencia en contra de la corrupción y el despotismo; los partidos políticos no salen de su asombro; intelectuales y líderes sociales quieren reformas de fondo.
El Palacio alauita ha dado consignas estrictas al consejero real Ahmed el Midaui para poner en marcha una operación “manos limpias”. Mohamed VI quiere que caigan algunos cabecillas de la corrupción institucional. El Midaui, que fue director general de la Policia (DGSN), ha comenzado por los casos más escandalosos y con mayor repercusión en las arcas públicas.
El CIH (Crédito Inmobiliario y Hotelero), objeto de un gran escándalo de corrupción en los años de transición de Hassan II a Mohamed VI, ha vuelto a primer plano. El socialista Jalid Aliua, que fue designado para reenderezar sus cuentas, es señalado por su “mala gestión en detrimento de los intereses del banco”. Una acusación genérica que esconde entre otros delitos el de dar créditos y facilidades financieras a algunos favoritos sin consultar para nada el Consejo de Administración de la entidad.
También la empresa mediática 2M, presentada como blasón de la libertad de expresión, pero estrictamente controlada por el Majzén, ha sido puesta en observación a causa de sus inversiones de dudosa rentabilidad. A pesar de sus perdidas constantes durante el decenio, la 2M dirigida por Mustafa Benali regalaba a sus ejecutivos salarios millonarios.
En cuanto a la empresa estatal que gestiona la seguridad social (CNSS), su pésima gestión y la corrupción reinante ya es proverbial. Desde los años 80 la CNSS ha pasado por constantes escándalos. Los magistrados enviados por Ahmed el Midaui han podido constatar que la situación sigue igual.
Pero quizás donde el equipo de Midaui que quiere parecerse a “los incoprruptibles” tiene mas dificultad es en las cuentas públicas que afectan a los organismos puestos en marcha en el periodo de reino de Mohamed VI, como la Agencia de reglamentación de las comunicaciones (ANRT), o las concesiones otorgadas a empresas extranjeras en asociación eventual con nacionales, que llevan la gestión de servicios públicos en Casablanca (LYDEC), en Rabat (REDAL), en Tanger (AMENDIS), porque en las mismas han intervenido de cerca personajes de “la nueva era”. La corrupción y el despilfarro ya no es imputable a “los antiguos gestores” de la época de Hassan II, sino a gente vinculada a la corte real de Mohamed VI.
El ministro del Interior Tayeb Cherkaui, por su parte se dispone a limpiar el aparato del Majzén, jubilando walis y gobernadores y nombrando “tecnócratas de la cantera de Kenitra”, que es la Escuela de Perfeccionamiento de funcionarios del ministerio del Interior. Hasta donde llegan sus atribuciones Tayeb Cherkaui quiere mostrar una imagen del Majzén moderna, educada, universitaria si cabe. Las consignas gritadas por los manifestantes del Movimiento 20 de Febrero en contra de los abusos policiales, de la tortura, de la cárcel secreta de Temara (la misma que ha servido a la CIA para sus interrogatorios extrajudiciales de detenidos islamistas cogidos en Afganistán y camino de Guantanamo), han hecho mella en la imagen de Marruecos. El ministro del Interior ha recibido consignas de Palacio de mejorar la imagen. Sin embargo, no puede hacer nada en contra del núcleo duro de la seguridad, que forman los servicios de la Gendarmeria y de las Fuerzas Auxiliares bajo el mando de los generales Hopsni Bensliman y Hamidu Laanigri, y que actúan en paralelo a los del ministerio del Interior.
El hervidero de propuestas que han surgido en la sociedad civil respondiendo a la propuesta real de introducir cambios en la Constitución, viene acompañado de insistentes rumores de cambios en el entorno palaciego. El rey dejaría de contar con algunos colaboradores, antiguos condiscípulos de colegio, que son objeto de la ira de los manifestantes como símbolos de la corrupción y el despotismo. Entre ellos los mas sonados han sido Fuad Ali el Himma y Munir Majidi. El Partido de las Autenticidad y la Democracia (PAM), que los marroquíes identifican como el “partido de los amigos del monarca”, fundado por el primero, se encuentra en sus horas mas bajas. Ha pasado de ser la catapulta de lanzamiento de todo tipo de arribistas y oportunistas, al de un movimiento político que necesita autojustificarse ante la opinión pública. Si hace seis meses todos los pronósticos daban al PAM como futuro ganador de las Elecciones políticas, hoy ya pocos apuestan por esta joven formación. Y los partidos tradicionales han vuelto a recuperar la escena pública, en particular los socialistas de la USFP cuyas juventudes simpatizan cada vez mas abiertamente con los jóvenes contestadores de las manifestaciones públicas.
Los estrategas de Mohamed VI sin embargo quieren cortar el paso al ascenso de los islamistas de Justicia y Espiritualidad, porque cuestionan su liderazgo de Emir de los creyentes. Los seguidores del jeque Yassin han participado desde un principio con el 20-F y aunque se muestran pragmáticos no abandonan sus objetivos finales. De hecho, los dos grandes gestos de M6: el discurso del 10 de marzo y la liberación de presos políticos del 14 de abril, han quedado oscurecidos por la persistencia de las manifestaciones del Movimiento 20 de Febrero y por la insurrección de presos islamistas del 16 de mayo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario